domingo, 29 de septiembre de 2013

005

- Volvamos a acostarnos. ¿Quieres?
- Sí. No has descansado.
- Shht.- Y la lleva con besos a la cama.- ¿Puedo acostarme a tu lado?
- Claro que sí, me pegare a ti de iguales.- Responde Regina sonrojándose.- Él sonríe y se apodera una vez más de sus labios, ambos son ajenos al tiempo que duran besándose uno al otro, se separan y se sonríen nuevamente. Magia, complicidad. Toma la mano de la chica y la lleva a sus labios, la besa.
- Te quiero.
- Y yo a ti. Y yo a ti Regina.
Hace un camino de besos hasta su cuello, su garganta, atrapa su oreja con los labios acariciando su cintura por debajo de su blusa. Ataca nuevamente su cuello. Ella sonríe.
- ¿Tanto te gusta?.- La mira confundido.- Mi cuello, digo.
- Tú me gustas. ¿Podemos quitar esa blusa?
- Si...
- ¿No te obligo verdad?
- Jajaja, tonto. No, no me obligas.- Y lo besa.
Desliza lentamente la blusa fuera de ella y la observa con atención.
- ¿Te había presentado al azul? Creo que no, ¿verdad?
- No, no me lo habías presentado.
Sigue besándola y se abre paso hasta su pantalón, le desabrocha y lentamente va deslizándolo por sus piernas a la vez que le llena de caricias.
- ¿Estorboso?
- Un poco para nuestros propósitos, aunque no niego que se ve fenomenal en ti.- Otra sonrisa se instala en sus labios.- Esto tampoco se ve nada mal en ti.- Dice refiriéndose al pequeño bóxer de encajes azul que lleva puesto.- Ahora dudo si lo quito o lo dejo ahí.
Ella lo besa, sabe perfectamente que él adora el color azul. Pensaba en ello cuando compro aquel conjunto. Se siente satisfecha con su elección.
Thomas sube una vez más por su cuerpo, llegando hasta el pequeño lunar que Regina tiene en su pecho, le besa una y otra y otra vez. La mira a los ojos y se sonroja, sigue sonrojándose ante él, ante sus caricias. La chica toma su rostro entre sus manos y lo dirige hasta sus labios. ¡Cuánto ama a este hombre!
Él pasa sus manos por debajo de su espalda y desabrocha su sostén. Besa su hombro y desliza la primera cinta, un beso más para el otro hombro y desliza la segunda cinta. Toma el sostén y lo termina de retirar. Besa sus senos, apenas rozándolos con sus labios.
- Preciosos. Provoca comérselos.- Dice el chico y se sonroja. Regina ama eso de él, cómo puede ser tan intenso y a la vez ponerse rojo.
- ¿Tienes hambre?
- Sólo de ti Regina.
Thomas se mueve a través de su cuerpo y la llena de besos. La acaricia y termina por deshacerse de lo que quedaba de su ropa. Más besos, más caricias y entonces se pierde dentro de ella, lentamente, bañándose en su humedad. ¿Cómo ha podido esta chica llevarlo hasta este punto? ¡La ama! Es lo único que tiene claro, la ama y podría pasar el resto de sus días a su lado.
Ella que es capaz de volverlo loco, su niña engreída, terca y jodida. Ama su ternura, su forma de ver la vida, su alegría y sus locuras. Quién iba a decirle a él que esto terminaría así, quién iba a decirle a él que podía llegar a ser tan entregada y apasionada. Nada le asustada y disfrutaban sus encuentros sin preocupaciones, sin inhibiciones.
Besos, un sinnúmero de besos acompañan el encuentro. Hasta terminar uno sobre el otro. Exhaustos, felices.
- Te amo.
- Te amo.
- Regina... Te amo.
- Me vuelves loca ¿sabes?
- Descansa un poco, como angel.
- Tu eres mi angelote.
- Ya, esta bien, cierra los ojitos.
- Thom. Dame un gran abrazo y un beso más.
- Descansa mi pequeña.
- I love you.
- I love u too my love. See u my love, my little princess.

Despierta exaltada. Mirando hacia los lados, no esta. Claro que no esta. Las lagrimas no se hacen esperar, otra vez ese maldito sueño. No ha podido dejar de tenerlo cada noche durante todos estos años, el recuerdo la perseguía... la última noche que pasaron juntos. Un mes antes de que todo colapsara, de que toda su vida cambiara. Golpea la pared furiosa... ¿Es que Thomas Abreu jamás la dejará vivir en paz?


sábado, 21 de septiembre de 2013

004

- ¿Jugamos?
- ¿A qué?
- A que te acuestes sobre mi espalda.
- ¿Sobre tu espalda?... ¿Necesitas presión en ella?
- Sí.
- ¿Y si te aplasto?
- Mejor...
- Mensita.
- ¿Tanto tiempo y aún no me crees que si vivieras encima mío yo feliz de la vida?
- Bueno, entonces me echaré en tu espalda.- Un sinnúmero de besos acompañaron el gesto.

- Se te doblara el cuello si sigues así.- Beso.
- Shhht.
- Shht tu, que no quiero que también te duela el cuello.
- Con los besos se me quita.
- Debiste estar boca arriba entonces.
- No quiero que te quites.- Dice ella con un puchero.
- Vale, me quedo acá.

Besa suavemente su mejilla, su cuello, acaricia sus hombros llevándolos a sus brazos y terminando en sus manos. Las toma y las besa. Un beso más al cuello.

- Te quiero.- Le susurra la chica.
- Y yo a ti, pero deja de moverte.

Levanta su mirada hacía él y le sonríe maliciosamente.

- ¿De cuando a acá pides que no me mueva? .- Lo mira sonrojarse instantáneamente.
- Es que... te me estas antojando y quiero dejarte descansar.
- Ven acá.- Dice ella jalándolo a su lado mientras se voltea para quedar boca arriba y verlo sin problema.- ¿Puedes subirte de nuevo?
- Si.- Y lo hace, atacando su boca. Un beso tras otro.

Regina deja su boca y se dirige hasta su cuello y deposita en el algunos besos, sube un poco hasta su quijada, otros besos más y llega hasta detrás de su oreja dando pequeñas mordiditas. Él la mira intensamente y se adueña nuevamente de sus labios.

- Te quiero Regina.
- Te quiero Thomas. Pero...¿me harías el favor de decirme qué te pasa?
- Estoy acá contigo, no entiendo tu pregunta.
- Thomas Abreu, ¿debo preguntar de nuevo?
- No es nada, una que otra preocupación solamente.
- Uumm. ¿Quieres que lo hablemos?
- No. Supongo que son preocupaciones tontas.
- No creo que sean tontas si no te dejan estar tranquilo amor.
- Si, supongo que tienes razón.
- A ver, ayúdame un poco acá, quiero acomodarme.- Dice la chica mientras él se mueve un poco. Regina se recarga sobre la cabecera de la cama quedando sentada ahora.
- Ahora si, ven acá.
- Lo siento Regi.
- ¿Qué sientes? Anda, ven conmigo, recarga tu cabecita acá en mi pecho.
- ¿En tu pecho?
- Si Thom... en mi pecho. YA.

- Listo. ¿Cómodo ahora?
- Muy cómodo.- Ella sonríe satisfecha.
- Bien.- lo abraza y deposita un beso en su cabeza.
- ¿Por qué eres tan linda y tierna conmigo?
- No creo ser linda y tierna. Sólo soy esta loca chica que te adora y que haría lo que fuera con tal de que estuvieras bien. Me gusta pensar que de alguna forma puedo regresarte un poco de la paz que tu me regalas siempre.
- Te quiero Regina... ¡Te quiero!
- ¿Qué le pasa a mi angelote ah?
- Nada, no quiero contagiarte mi desanimo.
- Eres un tonto. Anda, que así al menos lo llevamos de a dos.
- Y tu mi engreída. Ya me siento mejor.- Dice y la besa.
- Yo te advertí que me pusieras a raya y no lo hiciste, así que ahora no acepto reclamos.
- ¿A raya? ¿Cómo a raya?
- Si pues, que me marcaras un alto, que me pusieras limites.
- Ya...Tu te saltaste todos ellos por mas que te los puse.- Más besos.- Y me alegro que lo hicieras.
- Eso es cierto, no me lo pusiste fácil. Pero valió la pena.
- No es que no te lo haya puesto fácil, sino que siempre respeto los limites y no sé por qué contigo no se me da.
- Quizás porque soy terca o quizás porque realmente no quieres eso.
- No lo sé. Sólo sé que contigo no puedo frenarme.
- No quiero que te frenes. Te amo Thomas y créeme cuando lo digo porque es así. Aún no sé cómo pero paso. - Se besan y se abrazan aún más fuerte.
- Gracias princesa...
- No he hecho nada.
- Has hecho mucho.
- Darte guerra vida mía, darte mucha guerra. Sólo... No me olvides nunca ¿vale?
- Me lo dices como si te fuera a dejar.
- No vas a dejarme. Dijiste que siempre estarías conmigo. Una parte mía ya vive en mi, aunque te marcharas no podrías dejarme. Sólo pido eso, que una parte mía viva también por siempre en ti. Ya me puse nena, no sé cómo me soportas.
- Jajaja, te quiero mucho.
- Leí un texto hace unos días. Quiero dedicarte lo que decía.
- ¿Qué era?
- "No puedo dormir sin decirte que me haces muy feliz aunque suene cursi. Has llenado mi vida de luz aunque suene religioso. Te adoro aunque suene fanático. Y no quiero que esto acabe nunca aunque suene soñador. Te amo aunque suene prematuro".
- Me agrada ese texto, te lo robaré algún día.
- Atrévete a dárselo a alguien más cuando a ti te lo he dado yo eh!





martes, 3 de septiembre de 2013

003

- Hey Regi... ¿lista para pasar una maravillosa tarde a mi lado nena?
- ¡Nunca crecerás!.- Respondió ella con una sonrisa.
- Cariño mío, ¿quieres que crezca? Soy mucho más alto que tu, recuérdalo.
- Vamos Antu, todo el mundo es más alto que yo, no tienes nada de especial.
- Huh! Me has herido enormemente con lo último de la frase.
- Jajaja, ¿acaso tu ego puede ser herido? Déjame dudarlo.
- Ya... dime donde estas, paso por ti ahora mismo.

Apenas 15 minutos después Anthuan estaba esperando por Regina. Ella se despidió de quienes aún quedaban en la institución y se acerco al coche sobre el que se encontraba recargado. Hermosa sonrisa y ojos del color del cielo. Torció la boca de forma picara mientras abría la puerta del coche para ella. 

- No puedes estar ni un segundo sin coche ¿eh?
- Es necesario Regi, deberías saberlo. ¿Sigues sin conducir?
- Digamos que aún no adquiero esa gracia.
- Bien, entonces... dime ¿qué delicioso manjar me harás probar hoy?
- Ya cállate Anthuan.
- Uumm... hoy es un buen día para ti.
- ¿Cómo dices?.- Pregunto la chica quien se encontraba un poco distraída.
- Sí, parece que se nos viene una tormenta. ¿Sigues amando la lluvia?
- Me sigue poniendo de buen humor.
- Regina....- Lo noto nervioso, algo poco característico de él. Había adoptado un tono serio y no le gustaba, no le agradaba, la hacía sentir incomoda. El chico era aquel con quien por lo general podía hablar y hablar sin necesidad de ponerse serios ya que tenía un sentido del humor único. Sin embargo, una vez lo hacía... sus ojos se volvían mucho más intensos e imponía de una forma casi aterradora. Quizás por eso desvió sus ojos de él, porque sabía que una vez la atraparan no la soltaría hasta obtener aquella información capaz de dejarle satisfecho.
- ¿Por qué nunca contestaste nuestras llamadas?.- Dijo aparcando el auto. No se miraba molesto, pero si lastimado.- Regina, éramos tus amigos, queríamos estar contigo. Yo quería estar contigo. No debiste pasar por todo este proceso tu sola.
- Lo lamento Anthuan, no pude. Sé que ustedes no tuvieron la culpa de nada, sé que fui injusta y fue horrible alejarme de la forma en que lo hice, es sólo que... no podía soportarlo ¿sabes? No podía soportar nada que me lo recordara, si quería sacarlo de mi vida tenía que arrancar todo de raíz y aunque no quería que ustedes salieran afectados, no podía evitar que lo trajeran a mi mente. No hubiera podido si seguía cerca ya que de ser así siempre de alguna forma iba a seguir enterándome de cosas que no me harían nada bien.
- Esta bien. No tienes por qué disculparte. La situación nos llevo hasta este punto. Creo que nadie esperaba que ocurriera así, pero paso. Y bueno, creo que todos hemos tenido que afrontarlo como mejor hemos podido durante todos estos años. Tampoco me resulto fácil perdonarlo. Durante un par de años realmente quise asesinarlo.
- ¿Cómo están las chicas Anthuan? ¿Qué ha sido de Casse y Cata?
- Ellas están bien, más guapas cada día, ya sabes. Te han extrañado mucho... Cassandra  nos hizo respetar el hecho de que quisieras afrontar esto sola, nos dijo que era tu duelo y que nadie más tenía por qué interferir. Decidimos estar acá para cuando estuvieras lista. Ninguna esta molesta si es que lo has pensado.
- Es bueno saberlo.

domingo, 1 de septiembre de 2013

002

Eran alrededor de las 8:30am cuando un par de chicos entraban en la cafetería y se colocaban junto al mostrador. Captaron inmediatamente las miradas de las chicas que allí se encontraban, no eran de allí sin duda, pero no les molestaría que decidieran quedarse.

Ella miro de pronto interesada, preguntándose el motivo por el cual se encontraban cuchicheando de repente. Los vio de espaldas y sonrió, sus amigas siempre de lobas, no dejaban uno vivo. Se apresuro a recoger sus cosas y tras meter todo en su carpeta se levanto de su asiento y se despidió. Fue entonces cuando al escuchar su voz, los chicos volvieron la mirada topándose de frente con esos grandes ojos marrón oscuro que tan bien conocían.

- Regina....- Ella miro fijamente al chico que había pronunciado su nombre. Parecía mentira que hubieran pasado ya 5 años desde la última vez que le tuvo en frente. Seguía guapo, tanto o más de lo que recordaba, sus ojos, su piel y hasta el corte de cabello eran aquellos que conocía a la perfección. Sin embargo, se miraba distinto, más fuerte, más maduro, las expresiones de su cara le hacían ver mucho más adulto, pues aunque hacía ya bastantes años lo era, siempre lució más joven.

- Thomas...- Fue todo lo que menciono, miro a su lado y dibujando una pequeña sonrisa en sus labios agrego.- Hola Anthuan, que gusto verte. Supongo que viaje de negocios ¿no? Bueno, espero su estancia sea agradable, tengo que irme a trabajar. Buen día.

- ¡Regina!... ¡Hey, Regina!.- Grito Anthuan mientras corría tras ella.- Regina, por favor detente un momento.- Ella lo hizo. Y el la observo con atención. La pequeña Regina, seguía casi igual que hacía 5 años, no... se equivocaba. Lucía más linda, los años sin duda le habían hecho bien, se miraba más mujer y sus ojos ahora eran mucho más intensos. Era ese el rasgo  que más le gustaba de ella, ese par de ojos que parecían contener mil emociones dentro, que decían todo con tan solo una mirada.

- ¿En verdad debes irte ya? Es decir, ni siquiera hemos tenido tiempo para saludarnos correctamente.- Se acerco a ella y la estrecho en un fuerte abrazo, ella se dejo hacer y le correspondió hundiendo su cabeza en su pecho. Su loción, él seguía usando la misma loción, esa que provocaba que uno quisiera quedarse allí por siempre, sus brazos fuertes que le brindaban seguridad y cariño.

- Sigues siendo enorme.- Dijo ella sonriendo.- Debo ir a trabajar, se me hace tarde. Pero si te apetece puedes marcarme después de las 3, estaré desocupada para ese entonces y si quieres puedes invitarme a comer.

- ¿Me das entonces tu número?

- Sigue siendo el mismo. No lo he cambiado.- Comprendió entonces la mirada extrañada de él y antes de que le cuestionara respondió.- Lo sé, lo lamento. No he respondido jamás. Espero puedan disculparme un día.

Anthuan la atrajo una vez más hacia él y deposito un beso en su frente

- Tranquila Regi, comprendo... no debió ser fácil. Te llamo más tarde ¿vale?



Cuando entro de nuevo a la cafetería Thomas volteo a ambos lados buscando por la chica.

- No viene conmigo Thom.
- Ya...
- He quedado de llamarla para comer.
- ¿A qué vas con ello Anthuan? Ni siquiera ha dado ninguna señal de vida durante todos estos años. ¿Qué es lo que esperas de Regina?
- ¿Qué espero de ella? Quiero saber cómo esta, cómo ha estado, qué ha sido de ella en todo este tiempo que no hemos sabido de ella. No sé si lo recuerdes, pero le queríamos y ella nos quería. Estoy seguro de que no se te pudo haber borrado todo lo ocurrido.
- No pienso hablar de ello y lo sabes.
- No tienes derecho siquiera y también lo sabes.


El día transcurrió lento, más de lo que hubiera esperado. Después de tanto tiempo pensó que no volvería a verlos. No es que no quisiera, simplemente... llego a pensar que quizás aquel día hace 5 años habría sido la despedida. La vida había cambiado desde entonces y en esta nueva que ella se había encargado de crear con las fuerzas que le quedaban, no sabía cómo es que tendrían cabida. Adoraba a Anthuan, era su amigo pese a todos esos años sin comunicación, pero... ¿Thomas? ¿Cómo podría el gran Thomas Abreu entrar en su vida de nuevo?

Sintió un pinchazo en el pecho y su respiración se volvió acelerada. Recuerdos llegaron a su mente y enojada sacudió su cabeza, miro de nuevo a los pequeños que tenía frente a ella, alegres... cuánto había ayudado rodearse de esas pequeñas caritas para superar lo ocurrido. No podía ponerse mal, no después de tanto tiempo y peor aún, por él. No tenía ningún derecho a alterar de ninguna forma su vida hoy en día, no lo tenía y no se lo iba a permitir.