domingo, 9 de marzo de 2014

007

No iba a aceptarlo. Se lo guardaría de la misma forma en que hizo con lo ocurrido 3 meses después del incidente de la fiesta, 3 meses después de que ella se marchara a casa. Nadie nunca tuvo idea, porque eso sólo había quedado entre ella y Thom. La vergüenza y humillación tan grande que sintió cuando creyó que no podía existir algo peor que haberlo encontrado con otra, termino por destruirla. Que equivocada estaba. Thomas se había convertido en la persona más cruel que hubiera conocido jamás y lo peor es que ni siquiera se daba cuenta.

Tres meses después de haber salido en el primer vuelo que encontró disponible, Thomas fue a buscarla. Hizo todo porque lo escuchara y después de muchas negativas consiguió que Regina lo hiciera.

Él expuso la situación, se disculpo y suplico que le perdonara. Se llamo así mismo idiota, le dejo saber que estaba sumamente arrepentido y que haberle fallado era lo peor que pudo haber hecho. Paso varios días buscándola, intentando que ella volviera a sentirse de algún forma cómoda con él.

Regina pareció querer dejar de lado lo ocurrido. No olvidaría nunca el dolor tan grande que le causo, pero no quería seguir pensando en ello y le hacía bien saber que podía volver a hablar y pasar tiempo con él sin sentirse morir. Le hacía falta, le había hecho enormemente falta.

Sin embargo, la situación no quedo allí. Thomas empezó a buscarle más, "SU" Thomas de pronto parecía haber regresado. Pasaba su tiempo con ella y la hacía sentir como si no hubiese un ser en el mundo más especial que ella. Regina se sintió nuevamente plena y feliz. Su corazón parecía reparado y no podía evitar sonreír todo el tiempo. Pensó que quizás se estaba enamorando de nuevo de él, pero no era así, la realidad es que nunca había dejado de estarlo.

Reanudaron su relación, Thomas realmente se desvivía por ella, estaba al pendiente, la cuidaba, la amaba. La complicidad habida entre ellos no parecía haberse visto con nadie jamás. Parecían de nuevo uno. La vida les sonreía.

No fue hasta que un día mientras Regina usaba el computador de Thomas que lo descubrió. Al parecer él había dejado un archivo abierto, ella amaba sus escritos así que empezó a leer curiosa esperando que fuese algo inspirado en ella. Había visto infinidad de documentos para personas realmente especiales para Thomas, pero no recordaba jamás que alguno tuviese su nombre. Este tampoco lo llevaba.

Conforme avanzaba, más confundida estaba. ¿Qué se había perdido? Todas sus frases eran de amor, de dolor. Él lamentaba la perdida de la persona a quien declaraba el gran amor de su vida y por mucho que doliese no llevaba por nombre Regina.

Ese día Thomas regreso ya entrada la noche. Regina seguía tumbada en la misma silla mirando hacia la nada. Se había limitado a apagar el computador, ni siquiera había llorado. Todo dolía y parecía que iba a morir en cualquier momento pero nada sucedía.

Thomas intento acercarse a ella y besarla, pero Regina lo detuvo. La miro extrañado.
- ¿Sucede algo? - Preguntó.
- ...
- Regina, ¿sucede algo?¿mal día? - E intento nuevamente acercarse a ella. Esta vez la chica se puso de pie y camino un poco hasta quedar frente a la ventana, miro hacia afuera y la busco en el cielo, le dedico un suspiro a la luna y entonces habló.
- Sé lo que estas haciendo.- Dijo. Thomas la miro confundido.
- ¿Cómo?
- ¿De verdad? ¿Es posible que seas tan cínico? Por Dios Thomas, quítate la careta.
- Regina... no te entiendo. De verdad, ¿qué paso? ¿a qué se debe esto?
- ¿Has estado escribiendo Thom?
- ¿Cómo?
- ¿Cómo? ¿cómo? ¿cómo? Maldita sea Thomas, dame una sola razón, una sola para no odiarte. Dime que tu estupidez te hizo equivocarte y escribir su nombre en lugar del mío cuando hablabas del amor de tu vida. Miénteme más, con un maldito demonio, pero hazlo bien.
- Regina... yo.
- ¿Cómo pudiste? ¡Dios! ¿Cuántas veces más Thomas? ¿Cómo puedes venir y jugar conmigo de esta forma aún sabiendo que te amo? ¿Cuándo te he hecho yo daño? ¿Por qué me merezco esto? ¿Por qué? No soy tu maldito premio de consolación, antes que cualquier otra cosa soy tu mejor amiga. Esto no se le hace a un amigo. Esto no se le hace a nadie. Ni a la peor persona del mundo, ni a la peor persona Thom.- Apenas pudo terminar la frase las lágrimas empezaron a brotar. Todas aquellas lágrimas que por horas se mantuvieron lejos amenazaban con inundar su casa ahora mismo.
- Regina...
- No puedo, de verdad... ya no puedo. Sólo márchate y por favor si aún te queda algo de corazón. Si realmente sabes lo que es el amor y queda algo de él en ti no vuelvas a buscarme jamás. No quiero volver a verte. Considérame muerta y ni siquiera te tomes la molestia de presentarte en el funeral.
- Lo siento. En verdad lo siento Regina.
- No me basta y por desgracia yo ya no te creo.- Abrió la puerta y lo miró mientras salía. No volvería a verlo, no hasta ese día en aquella cafetería.

sábado, 25 de enero de 2014

006

Se levanta de la cama y se dirige al cuarto de baño, mira su reflejo en el espejo y le dedica una sonrisa torcida, han pasado 4 años, 4 años en los que juro no volver a sufrir por él, 4 años haciendo lo posible por salir adelante a pesar de todo. Tardo tanto en poder volver a estar en paz consigo misma, en aprender a vivir de nuevo sin estar molesta con ella por seguirlo amando y ahora de pronto venía él de nuevo con su estúpido porte y mandaba al carajo toda la entereza de la que se había valido por estos últimos 4 años. ¿Cómo era posible? ¿Cómo después de tanto tiempo su corazón se había dejado inquietar por su sola presencia? Le seguía amando tanto como lo hacía aquel día en que tomo el primer vuelo que encontró de nuevo a su casa y por más que se dijera que no era así, ese golpeteo en su pecho venía a hacerle saber lo equivocada que se encontraba al creer que lo había superado.

Bajo a la cocina y se preparo un café, tenía algunos deberes de la escuela por sacar... se sentó en la mesa con todos sus papeles y encendió el ordenador. Al realizar la búsqueda de los documentos que necesitaba, lo encontró. Ese pequeño documento que había escrito a lo largo de estos años. Solía hacerlo antes, de hecho, eso tuvo mucho que ver en que Thomas y ella se conocieran y empezaran a intercambiar palabras, sus escritos tuvieron mucho que ver en el proceso y quizás fue eso también, lo que hizo que la pasión de Regina por escribir textos y textos se fuera junto con su relación. Apenas había podido escribir algunos párrafos en todos estos años y estaba todo allí, en el documento sobre el que acababa de hacer clic. De título "Separación: 6 meses después" y era así mismo como empezaba.

Separación: 6 meses después.

Me he mantenido al margen de todo aquello que me llevara directamente a recordarle, no ha sido fácil, sin embargo. El dolor sigue fuerte aquí en mi pecho, atacando todas y cada una de mis noches, recordándome en los pocos momentos que logro conciliar el sueño, que todo esto en verdad ha ocurrido. Imágenes se agrupan en mi cabeza, destrozando mi alma.

Por el día, no soy sino una chica anestesiada, el dolor logra calmarse, mas no se marcha del todo. Me he saturado de actividades que no me den tiempo de pensarle, ya casi nadie pregunta por él, jamás se enteraron de lo ocurrido. Jamás lo harán. Espero un día todos puedan disculparme, por haber huído así, por aún ahora no ser capaz de enfrentarlo, por ser tan cobarde y no atreverme a hablar de lo sucedido. Por a pesar de estos 6 meses seguirlo amando con todo mi ser, aún cuando cada noche los recuerdos me matan una y otra vez.

 

1 año.

Un año ha transcurrido, parece mentira. ¿Cuánto podemos querer a alguien, de todas maneras? Aún quedan huellas de él en mi piel, aún siento el hueco dentro de mi desde que nos separamos. No lo merecía, en verdad, no lo merecía. O tal vez sí, por creer tan ciegamente en él, por pensar que no me lastimaría. El dolor sigue presente y aún hay ocasiones en las que alguna pesadilla interrumpe mi sueño y rompo en llanto. Pero esta es la realidad, de verdad sucedió y él... no esta más.

2 años

Ha resultado bastante complicado seguir, conforme pasa el tiempo me siento más presionada a dejarle ir, a que no ocupe más espacio en mis pensamientos, a no sentir más su ausencia, pero eso no ocurre. No lo hace y entonces ya no sé si lo que siento es coraje, desesperación o tristeza. Puedo decir sin embargo, que por fin acepte el hecho de que no formara más parte de mi vida, que jamás volverá, que esta historia tuvo final y que pase lo que pase, nada lo cambiara.

Sé ahora, que aún si el día de mañana él volviera a mi, yo no sería capaz de apostar de nuevo por un nosotros, porque no se supone que debía hacerlo aquella vez cuando iniciamos lo nuestro en primer lugar. No me arrepiento de lo vivido, hoy sé que supe lo que era amar incondicionalmente y de forma total. Los resultados, fueron sólo parte de las circunstancias, de mi fe ciega y de mi amor por aquel hombre que quizás realmente creyó amarme más de lo que en realidad hacía.

3 años

La tristeza se encuentra cada vez más lejos. Por fin, logre mudarme. No demasiado lejos, pero es un cambio, cambio que necesitaba. Esta vez, puedo estar segura de no haber salido huyendo, simplemente ese ya no era mi lugar. Cuesta trabajo, pero la vida no es sino eso, constantes cambios que enfrentar y al final, te das cuenta que aunque asustan un poco, es lo interesante de la vida. Siempre hay un futuro ahí, uno que por más que planees, va a regalarte sorpresas. Tú decides si son gratas o no. Yo he optado porque lo sean, el dolor sigue presente, sin embargo, no sufro por ello más. Voy de a poco y paso a paso. Y el sueño... Bueno, ese sueño sigue ahí.



Termina de leer y cierra la ventana. Sonríe pensando en lo irónico de las cosas. Ahora cuando al fin han pasado 4 años, logra tenerlo en frente y su mundo nuevamente se desmorona. Sin embargo, es algo que ni Thom, ni Anthuan, ni nadie tendrían por qué saberlo nunca. Simplemente, porque era algo que ella jamás iba a aceptar ante alguien más.




 

 

 

 

domingo, 29 de septiembre de 2013

005

- Volvamos a acostarnos. ¿Quieres?
- Sí. No has descansado.
- Shht.- Y la lleva con besos a la cama.- ¿Puedo acostarme a tu lado?
- Claro que sí, me pegare a ti de iguales.- Responde Regina sonrojándose.- Él sonríe y se apodera una vez más de sus labios, ambos son ajenos al tiempo que duran besándose uno al otro, se separan y se sonríen nuevamente. Magia, complicidad. Toma la mano de la chica y la lleva a sus labios, la besa.
- Te quiero.
- Y yo a ti. Y yo a ti Regina.
Hace un camino de besos hasta su cuello, su garganta, atrapa su oreja con los labios acariciando su cintura por debajo de su blusa. Ataca nuevamente su cuello. Ella sonríe.
- ¿Tanto te gusta?.- La mira confundido.- Mi cuello, digo.
- Tú me gustas. ¿Podemos quitar esa blusa?
- Si...
- ¿No te obligo verdad?
- Jajaja, tonto. No, no me obligas.- Y lo besa.
Desliza lentamente la blusa fuera de ella y la observa con atención.
- ¿Te había presentado al azul? Creo que no, ¿verdad?
- No, no me lo habías presentado.
Sigue besándola y se abre paso hasta su pantalón, le desabrocha y lentamente va deslizándolo por sus piernas a la vez que le llena de caricias.
- ¿Estorboso?
- Un poco para nuestros propósitos, aunque no niego que se ve fenomenal en ti.- Otra sonrisa se instala en sus labios.- Esto tampoco se ve nada mal en ti.- Dice refiriéndose al pequeño bóxer de encajes azul que lleva puesto.- Ahora dudo si lo quito o lo dejo ahí.
Ella lo besa, sabe perfectamente que él adora el color azul. Pensaba en ello cuando compro aquel conjunto. Se siente satisfecha con su elección.
Thomas sube una vez más por su cuerpo, llegando hasta el pequeño lunar que Regina tiene en su pecho, le besa una y otra y otra vez. La mira a los ojos y se sonroja, sigue sonrojándose ante él, ante sus caricias. La chica toma su rostro entre sus manos y lo dirige hasta sus labios. ¡Cuánto ama a este hombre!
Él pasa sus manos por debajo de su espalda y desabrocha su sostén. Besa su hombro y desliza la primera cinta, un beso más para el otro hombro y desliza la segunda cinta. Toma el sostén y lo termina de retirar. Besa sus senos, apenas rozándolos con sus labios.
- Preciosos. Provoca comérselos.- Dice el chico y se sonroja. Regina ama eso de él, cómo puede ser tan intenso y a la vez ponerse rojo.
- ¿Tienes hambre?
- Sólo de ti Regina.
Thomas se mueve a través de su cuerpo y la llena de besos. La acaricia y termina por deshacerse de lo que quedaba de su ropa. Más besos, más caricias y entonces se pierde dentro de ella, lentamente, bañándose en su humedad. ¿Cómo ha podido esta chica llevarlo hasta este punto? ¡La ama! Es lo único que tiene claro, la ama y podría pasar el resto de sus días a su lado.
Ella que es capaz de volverlo loco, su niña engreída, terca y jodida. Ama su ternura, su forma de ver la vida, su alegría y sus locuras. Quién iba a decirle a él que esto terminaría así, quién iba a decirle a él que podía llegar a ser tan entregada y apasionada. Nada le asustada y disfrutaban sus encuentros sin preocupaciones, sin inhibiciones.
Besos, un sinnúmero de besos acompañan el encuentro. Hasta terminar uno sobre el otro. Exhaustos, felices.
- Te amo.
- Te amo.
- Regina... Te amo.
- Me vuelves loca ¿sabes?
- Descansa un poco, como angel.
- Tu eres mi angelote.
- Ya, esta bien, cierra los ojitos.
- Thom. Dame un gran abrazo y un beso más.
- Descansa mi pequeña.
- I love you.
- I love u too my love. See u my love, my little princess.

Despierta exaltada. Mirando hacia los lados, no esta. Claro que no esta. Las lagrimas no se hacen esperar, otra vez ese maldito sueño. No ha podido dejar de tenerlo cada noche durante todos estos años, el recuerdo la perseguía... la última noche que pasaron juntos. Un mes antes de que todo colapsara, de que toda su vida cambiara. Golpea la pared furiosa... ¿Es que Thomas Abreu jamás la dejará vivir en paz?


sábado, 21 de septiembre de 2013

004

- ¿Jugamos?
- ¿A qué?
- A que te acuestes sobre mi espalda.
- ¿Sobre tu espalda?... ¿Necesitas presión en ella?
- Sí.
- ¿Y si te aplasto?
- Mejor...
- Mensita.
- ¿Tanto tiempo y aún no me crees que si vivieras encima mío yo feliz de la vida?
- Bueno, entonces me echaré en tu espalda.- Un sinnúmero de besos acompañaron el gesto.

- Se te doblara el cuello si sigues así.- Beso.
- Shhht.
- Shht tu, que no quiero que también te duela el cuello.
- Con los besos se me quita.
- Debiste estar boca arriba entonces.
- No quiero que te quites.- Dice ella con un puchero.
- Vale, me quedo acá.

Besa suavemente su mejilla, su cuello, acaricia sus hombros llevándolos a sus brazos y terminando en sus manos. Las toma y las besa. Un beso más al cuello.

- Te quiero.- Le susurra la chica.
- Y yo a ti, pero deja de moverte.

Levanta su mirada hacía él y le sonríe maliciosamente.

- ¿De cuando a acá pides que no me mueva? .- Lo mira sonrojarse instantáneamente.
- Es que... te me estas antojando y quiero dejarte descansar.
- Ven acá.- Dice ella jalándolo a su lado mientras se voltea para quedar boca arriba y verlo sin problema.- ¿Puedes subirte de nuevo?
- Si.- Y lo hace, atacando su boca. Un beso tras otro.

Regina deja su boca y se dirige hasta su cuello y deposita en el algunos besos, sube un poco hasta su quijada, otros besos más y llega hasta detrás de su oreja dando pequeñas mordiditas. Él la mira intensamente y se adueña nuevamente de sus labios.

- Te quiero Regina.
- Te quiero Thomas. Pero...¿me harías el favor de decirme qué te pasa?
- Estoy acá contigo, no entiendo tu pregunta.
- Thomas Abreu, ¿debo preguntar de nuevo?
- No es nada, una que otra preocupación solamente.
- Uumm. ¿Quieres que lo hablemos?
- No. Supongo que son preocupaciones tontas.
- No creo que sean tontas si no te dejan estar tranquilo amor.
- Si, supongo que tienes razón.
- A ver, ayúdame un poco acá, quiero acomodarme.- Dice la chica mientras él se mueve un poco. Regina se recarga sobre la cabecera de la cama quedando sentada ahora.
- Ahora si, ven acá.
- Lo siento Regi.
- ¿Qué sientes? Anda, ven conmigo, recarga tu cabecita acá en mi pecho.
- ¿En tu pecho?
- Si Thom... en mi pecho. YA.

- Listo. ¿Cómodo ahora?
- Muy cómodo.- Ella sonríe satisfecha.
- Bien.- lo abraza y deposita un beso en su cabeza.
- ¿Por qué eres tan linda y tierna conmigo?
- No creo ser linda y tierna. Sólo soy esta loca chica que te adora y que haría lo que fuera con tal de que estuvieras bien. Me gusta pensar que de alguna forma puedo regresarte un poco de la paz que tu me regalas siempre.
- Te quiero Regina... ¡Te quiero!
- ¿Qué le pasa a mi angelote ah?
- Nada, no quiero contagiarte mi desanimo.
- Eres un tonto. Anda, que así al menos lo llevamos de a dos.
- Y tu mi engreída. Ya me siento mejor.- Dice y la besa.
- Yo te advertí que me pusieras a raya y no lo hiciste, así que ahora no acepto reclamos.
- ¿A raya? ¿Cómo a raya?
- Si pues, que me marcaras un alto, que me pusieras limites.
- Ya...Tu te saltaste todos ellos por mas que te los puse.- Más besos.- Y me alegro que lo hicieras.
- Eso es cierto, no me lo pusiste fácil. Pero valió la pena.
- No es que no te lo haya puesto fácil, sino que siempre respeto los limites y no sé por qué contigo no se me da.
- Quizás porque soy terca o quizás porque realmente no quieres eso.
- No lo sé. Sólo sé que contigo no puedo frenarme.
- No quiero que te frenes. Te amo Thomas y créeme cuando lo digo porque es así. Aún no sé cómo pero paso. - Se besan y se abrazan aún más fuerte.
- Gracias princesa...
- No he hecho nada.
- Has hecho mucho.
- Darte guerra vida mía, darte mucha guerra. Sólo... No me olvides nunca ¿vale?
- Me lo dices como si te fuera a dejar.
- No vas a dejarme. Dijiste que siempre estarías conmigo. Una parte mía ya vive en mi, aunque te marcharas no podrías dejarme. Sólo pido eso, que una parte mía viva también por siempre en ti. Ya me puse nena, no sé cómo me soportas.
- Jajaja, te quiero mucho.
- Leí un texto hace unos días. Quiero dedicarte lo que decía.
- ¿Qué era?
- "No puedo dormir sin decirte que me haces muy feliz aunque suene cursi. Has llenado mi vida de luz aunque suene religioso. Te adoro aunque suene fanático. Y no quiero que esto acabe nunca aunque suene soñador. Te amo aunque suene prematuro".
- Me agrada ese texto, te lo robaré algún día.
- Atrévete a dárselo a alguien más cuando a ti te lo he dado yo eh!





martes, 3 de septiembre de 2013

003

- Hey Regi... ¿lista para pasar una maravillosa tarde a mi lado nena?
- ¡Nunca crecerás!.- Respondió ella con una sonrisa.
- Cariño mío, ¿quieres que crezca? Soy mucho más alto que tu, recuérdalo.
- Vamos Antu, todo el mundo es más alto que yo, no tienes nada de especial.
- Huh! Me has herido enormemente con lo último de la frase.
- Jajaja, ¿acaso tu ego puede ser herido? Déjame dudarlo.
- Ya... dime donde estas, paso por ti ahora mismo.

Apenas 15 minutos después Anthuan estaba esperando por Regina. Ella se despidió de quienes aún quedaban en la institución y se acerco al coche sobre el que se encontraba recargado. Hermosa sonrisa y ojos del color del cielo. Torció la boca de forma picara mientras abría la puerta del coche para ella. 

- No puedes estar ni un segundo sin coche ¿eh?
- Es necesario Regi, deberías saberlo. ¿Sigues sin conducir?
- Digamos que aún no adquiero esa gracia.
- Bien, entonces... dime ¿qué delicioso manjar me harás probar hoy?
- Ya cállate Anthuan.
- Uumm... hoy es un buen día para ti.
- ¿Cómo dices?.- Pregunto la chica quien se encontraba un poco distraída.
- Sí, parece que se nos viene una tormenta. ¿Sigues amando la lluvia?
- Me sigue poniendo de buen humor.
- Regina....- Lo noto nervioso, algo poco característico de él. Había adoptado un tono serio y no le gustaba, no le agradaba, la hacía sentir incomoda. El chico era aquel con quien por lo general podía hablar y hablar sin necesidad de ponerse serios ya que tenía un sentido del humor único. Sin embargo, una vez lo hacía... sus ojos se volvían mucho más intensos e imponía de una forma casi aterradora. Quizás por eso desvió sus ojos de él, porque sabía que una vez la atraparan no la soltaría hasta obtener aquella información capaz de dejarle satisfecho.
- ¿Por qué nunca contestaste nuestras llamadas?.- Dijo aparcando el auto. No se miraba molesto, pero si lastimado.- Regina, éramos tus amigos, queríamos estar contigo. Yo quería estar contigo. No debiste pasar por todo este proceso tu sola.
- Lo lamento Anthuan, no pude. Sé que ustedes no tuvieron la culpa de nada, sé que fui injusta y fue horrible alejarme de la forma en que lo hice, es sólo que... no podía soportarlo ¿sabes? No podía soportar nada que me lo recordara, si quería sacarlo de mi vida tenía que arrancar todo de raíz y aunque no quería que ustedes salieran afectados, no podía evitar que lo trajeran a mi mente. No hubiera podido si seguía cerca ya que de ser así siempre de alguna forma iba a seguir enterándome de cosas que no me harían nada bien.
- Esta bien. No tienes por qué disculparte. La situación nos llevo hasta este punto. Creo que nadie esperaba que ocurriera así, pero paso. Y bueno, creo que todos hemos tenido que afrontarlo como mejor hemos podido durante todos estos años. Tampoco me resulto fácil perdonarlo. Durante un par de años realmente quise asesinarlo.
- ¿Cómo están las chicas Anthuan? ¿Qué ha sido de Casse y Cata?
- Ellas están bien, más guapas cada día, ya sabes. Te han extrañado mucho... Cassandra  nos hizo respetar el hecho de que quisieras afrontar esto sola, nos dijo que era tu duelo y que nadie más tenía por qué interferir. Decidimos estar acá para cuando estuvieras lista. Ninguna esta molesta si es que lo has pensado.
- Es bueno saberlo.

domingo, 1 de septiembre de 2013

002

Eran alrededor de las 8:30am cuando un par de chicos entraban en la cafetería y se colocaban junto al mostrador. Captaron inmediatamente las miradas de las chicas que allí se encontraban, no eran de allí sin duda, pero no les molestaría que decidieran quedarse.

Ella miro de pronto interesada, preguntándose el motivo por el cual se encontraban cuchicheando de repente. Los vio de espaldas y sonrió, sus amigas siempre de lobas, no dejaban uno vivo. Se apresuro a recoger sus cosas y tras meter todo en su carpeta se levanto de su asiento y se despidió. Fue entonces cuando al escuchar su voz, los chicos volvieron la mirada topándose de frente con esos grandes ojos marrón oscuro que tan bien conocían.

- Regina....- Ella miro fijamente al chico que había pronunciado su nombre. Parecía mentira que hubieran pasado ya 5 años desde la última vez que le tuvo en frente. Seguía guapo, tanto o más de lo que recordaba, sus ojos, su piel y hasta el corte de cabello eran aquellos que conocía a la perfección. Sin embargo, se miraba distinto, más fuerte, más maduro, las expresiones de su cara le hacían ver mucho más adulto, pues aunque hacía ya bastantes años lo era, siempre lució más joven.

- Thomas...- Fue todo lo que menciono, miro a su lado y dibujando una pequeña sonrisa en sus labios agrego.- Hola Anthuan, que gusto verte. Supongo que viaje de negocios ¿no? Bueno, espero su estancia sea agradable, tengo que irme a trabajar. Buen día.

- ¡Regina!... ¡Hey, Regina!.- Grito Anthuan mientras corría tras ella.- Regina, por favor detente un momento.- Ella lo hizo. Y el la observo con atención. La pequeña Regina, seguía casi igual que hacía 5 años, no... se equivocaba. Lucía más linda, los años sin duda le habían hecho bien, se miraba más mujer y sus ojos ahora eran mucho más intensos. Era ese el rasgo  que más le gustaba de ella, ese par de ojos que parecían contener mil emociones dentro, que decían todo con tan solo una mirada.

- ¿En verdad debes irte ya? Es decir, ni siquiera hemos tenido tiempo para saludarnos correctamente.- Se acerco a ella y la estrecho en un fuerte abrazo, ella se dejo hacer y le correspondió hundiendo su cabeza en su pecho. Su loción, él seguía usando la misma loción, esa que provocaba que uno quisiera quedarse allí por siempre, sus brazos fuertes que le brindaban seguridad y cariño.

- Sigues siendo enorme.- Dijo ella sonriendo.- Debo ir a trabajar, se me hace tarde. Pero si te apetece puedes marcarme después de las 3, estaré desocupada para ese entonces y si quieres puedes invitarme a comer.

- ¿Me das entonces tu número?

- Sigue siendo el mismo. No lo he cambiado.- Comprendió entonces la mirada extrañada de él y antes de que le cuestionara respondió.- Lo sé, lo lamento. No he respondido jamás. Espero puedan disculparme un día.

Anthuan la atrajo una vez más hacia él y deposito un beso en su frente

- Tranquila Regi, comprendo... no debió ser fácil. Te llamo más tarde ¿vale?



Cuando entro de nuevo a la cafetería Thomas volteo a ambos lados buscando por la chica.

- No viene conmigo Thom.
- Ya...
- He quedado de llamarla para comer.
- ¿A qué vas con ello Anthuan? Ni siquiera ha dado ninguna señal de vida durante todos estos años. ¿Qué es lo que esperas de Regina?
- ¿Qué espero de ella? Quiero saber cómo esta, cómo ha estado, qué ha sido de ella en todo este tiempo que no hemos sabido de ella. No sé si lo recuerdes, pero le queríamos y ella nos quería. Estoy seguro de que no se te pudo haber borrado todo lo ocurrido.
- No pienso hablar de ello y lo sabes.
- No tienes derecho siquiera y también lo sabes.


El día transcurrió lento, más de lo que hubiera esperado. Después de tanto tiempo pensó que no volvería a verlos. No es que no quisiera, simplemente... llego a pensar que quizás aquel día hace 5 años habría sido la despedida. La vida había cambiado desde entonces y en esta nueva que ella se había encargado de crear con las fuerzas que le quedaban, no sabía cómo es que tendrían cabida. Adoraba a Anthuan, era su amigo pese a todos esos años sin comunicación, pero... ¿Thomas? ¿Cómo podría el gran Thomas Abreu entrar en su vida de nuevo?

Sintió un pinchazo en el pecho y su respiración se volvió acelerada. Recuerdos llegaron a su mente y enojada sacudió su cabeza, miro de nuevo a los pequeños que tenía frente a ella, alegres... cuánto había ayudado rodearse de esas pequeñas caritas para superar lo ocurrido. No podía ponerse mal, no después de tanto tiempo y peor aún, por él. No tenía ningún derecho a alterar de ninguna forma su vida hoy en día, no lo tenía y no se lo iba a permitir.





martes, 6 de agosto de 2013

001

Ahí estaba ella mirando por ese enorme ventanal, la noche había llegado regalándole una luminosa luna, tan grande, tan brillante. Amaba las noches en las que la luna presumida consciente de su belleza se mostraba sin pudor alguno para que la admirasen. Regina lo hacía, la admiraba porque según ella decía, esta tenía magia, no podía evitar emocionarse mientras se perdía en ella, no podía evitar que un sentimiento de paz la invadiera al hacerlo.

- Hola guapa.- Escuchó entonces, dirigió su mirada hacia el portador de aquel saludo. Realmente lucía guapo, tenía porte, sin duda la tenía, su traje azul marino provocaba que sus ojos lucieran de un azul aún más profundo, tenía cierto dejo de arrogancia pero no aquella capaz de hacerla enfadar, sino aquella que te hace reír y desear seguir escuchando para saber cuántas tonterías más será capaz de contar. Anthuan era todo un caso. Pero había aprendido a tomarle cariño en poco tiempo, como a todos los demás.

- No fastidies Anthuan.- Dijo Catalina. Ella era una mujer increíble con un instinto casi maternal, había acogido a Regina como si le conociera de toda la vida y la llevaba de aquí para allá con el fin de que se sintiera cómoda, después de todo, no debía ser fácil estar en un país tan distinto al tuyo. - Nos preguntábamos donde se había metido la estrella de la noche, ¿qué tanto miras por la ventana Regi?

- La luna, esta especialmente linda esta noche. ¿Quién es la estrella de la noche? ¿De qué hablas? - Dijo Regina con una enorme sonrisa despistada mientras se acercaba a ellos.

- Niña, esa obsesión tuya por la noche y sus elementos. Ahora veo porque te llevas tan bien con Thom, él siempre esta también por ahí buscando cosas en el cielo.

- Déjenla tranquila, tienes razón Regina, esta noche parece algo especial.- Comento la última integrante de ese pequeño grupo. Cassandra imponía con solo mirarla, a los ojos de Regina era realmente hermosa, parecía una muñequita de porcelana, no una barbie, ella era del tipo de chicas que te pueden hacer temblar, inteligente, hermosa y una persona con un corazón de oro según le había dejado ver, realmente esta mujer había llegado a tiempo a la repartición de dones y se dio el lujo de tomar unos cuantos. Un día había reído bastante cuando Regina se lo había comentado y le había dicho que exageraba. La verdad es que hasta su risa era linda.

- ¿Han visto a Thom, por cierto? .- Dijo de pronto Regina, al darse cuenta que no venía junto al resto del grupo.

- Creíamos que estaba contigo, prin.- Pero solo te hemos encontrado acá coqueteando con el cielo.

- No me llames Prin, suena raro. ¿Hey, qué haces?.

- Lo siento princesa, olvide que sólo podía ser llamada así por su alteza el príncipe Thom.- Dijo mientras arrebataba la copa que ella llevaba en la mano. Para tirarla después torpemente.

- ¡Que idiota!.- Gritaron las tres al unísono olvidando el lugar donde se encontraban. Las personas voltearon al instante y tras soltar una carcajada, Anthuan decidió sacarlas de esa multitud.

- Pero miren si las princesas pierden la clase y empiezan a gritar eh!.- Cassandra saco una botella de vino y sirvió un poco para todos mientras se sentaban en la pequeña terraza del lugar.

- Uumm, chicos, ¿me disculpan unos minutos? Veré si encuentro a Thom, no lo he visto desde hace un rato. Vuelvo en breve ¿vale?

- Vale. Dile que mueva su trasero hasta aquí si no quiere esta noche pasarlo realmente mal.- Dijo Catalina, quien ya se encontraba algo alegre, debido a las copas. Una vez Regina salió dirigió su mirada hacia Cassandra, quien se había quedado inmersa en sus pensamientos.

-¡Hey tu! ¿pasa algo Casse?

- No, es sólo que... bueno. Uumm, espero realmente estar equivocada, pero no pude evitar darme cuenta de que además de Thom, nuestra "buena amiga" Meredith tampoco estaba en el lugar.

- No es posible. No, no, no es posible. Thom no sería tan tonto, es decir, él ama a Regina y conoce a Mere, esta chica le ha jugado ya un par. ¡Dios! Nuestro Thom sería incapaz de lastimar a Regi, él sabe que ella no lo merece.

- Eh chicas, dejen el drama. Thom esta loco por Regi, ¿qué no han visto la forma en que brillan sus ojos cuando la mira? Nunca lo vi así, tan emocionado, tan feliz. Ni siquiera con Meredith fue así, es diferente, Regina lo llena de vida, de alegría. No deberían ni plantearse la posibilidad de que pudiera compararlas y elegir a esa arpía sobre nuestra Regi, además. ¿La han visto hoy? La mujer desborda sensualidad. Todos los tipos han volteado a verla toda la noche. Pero cuando ella no esta viendo a Thom, esta viendo el cielo.

- Lo cual te ha decepcionado, pues preferirías te viera a ti ¿cierto?. Por otro lado Meredith es una manipuladora Anthuan, siempre ha sabido llegar a Thomas y manejarlo a su antojo, le quiero y Dios sabe cuanto admiro el hombre que es, pero cuando de Mere se ha tratado, siempre ha sido un idiota. ¿Qué si lo que estoy pensando no esta tan errado?

- Prefiero no pensar en ello Casse, de verdad prefiero no hacerlo, porque podría olvidar que ese hombre es mi mejor amigo.

Regina entro de nuevo a la casa, le busco en las habitaciones y echo un ojo de nuevo en el salón. No había rastro de Thom, entonces un pensamiento cruzo por su mente, ¿sería posible que se encontrase en el despacho? ¿de verdad? Este hombre necesitaba que le aclararan el asunto, ¿estaban de fiesta y el se había encerrado a seguir trabajando? Había que estar loco. Pero entonces supo que se encontraba allí, la luz estaba encendida y provenían voces de dentro. Un momento, ¿voces? ¿Con quién estaba Thom?

Se acerco sigilosa a la puerta y la abrió sin que esta hiciera el menor ruido y lo vio. Ahí frente a ella estaba él. Thomas Abreu, el hombre del que estaba perdidamente enamorada, estaba allí amando a otra. Sintió como si alguien hubiese golpeado su estomago y por un instante creyó que sus piernas serían incapaces de seguirla sosteniendo, pero no, no lo permitiría, no la traicionarían ellas también. Cerro la puerta con cuidado y entonces alzando la cara camino de nuevo por donde había venido, sintiendo como con cada paso que daba algo dentro se quebraba.

Justo cuando tuvo que pasar de nuevo por el salón escucho como Dante, el papá de Thom hablaba con unos amigos, les decía que terminaran pronto con lo que hacían para dirigirse al despacho. A Regina se le fueron los colores solo escucharlo, de sólo pensar lo que podría ocurrir si Dante viera lo que ella acababa de presenciar logro estremecerse, entonces no supo como pero llego corriendo a la terraza con los demás agitada.

- ¿Qué pasa?, ¿Estas bien?, ¿Regina, qué sucede?

- ¡Chicos! Anthuan, por favor... Corre, Anthuan tienes que detener a Dante, se dirige al despacho, no puede, por favor, no puede entrar allí, distráelo, cuéntale lo que sea, no sé, por Dios ¡detenlo!

- Regi, por favor tranquilízate y dime qué pasa.

- No hay tiempo para explicaciones, ya te lo aclaro después... si es necesario. Pero anda a hacer lo que te digo, Dante se dirige allá con sus amigos, no pueden, no pueden entrar ahí... Thom, Thom se encuentra dentro con... Meredith.- Dijo en un susurro apenas perceptible pero que todos escucharon perfectamente.

- ¡No es posible! ¡Dios! Regina...

- No ahora Cata, por favor... Vayan y saquen a Thom y a... ella de ahí. Anthuan, dales solo un poco de tiempo para que alcancen a dejar el despacho. Es importante que se muevan rápido, ya hemos perdido mucho tiempo acá.

- Deberíamos dejar que se las apañen solos, ¿por qué deberíamos...?

- ¡Ya cállate Anthuan! Puedes hacerme ese maldito favor y ya, no quiero escuchar nada. Solo saquenlo de ahí de inmediato.- Grito Regina alterada. Los chicos la miraron y entonces sin decir otra palabra se marcharon a hacer lo que les había pedido.

Regina quedo ahí parada, sosteniéndose de la mesa. Miro a su alrededor y vio aquel asiento donde por primera vez estuvo con Thom, donde la persona a quien amaba y deseaba era ella. Contuvo las lagrimas y miro una vez más al cielo, le regalo una sonrisa rota a la luna y le susurro un "ayúdame".

Catalina llego hecha una furia al despacho, abrió la puerta sin la menor delicadeza, importándole poco el hecho de que su mejor amigo se encontrase ahí dentro desnudo con otra chica en las mismas condiciones. Mas que pena, lo que sintió fue asco sólo verlos.

-Eres el más grande imbécil que pueda existir Thomas Abreu, espero que lo sepas.- Dijo justo cuando lagrimas de rabia resbalaban por sus mejillas. Cassandra se detuvo justo a su lado después de cerrar la puerta.

- Es mejor que se vistan pronto.- Dijo a un todavía anonadado Thom y a una Meredith bastante molesta por la interrupción. Cassandra la ignoro por completo.- Tu padre se dirige acá acompañado de sus amigos, apresúrense, no creo que Anthuan se esfuerce mucho por mantenerlo lejos. Ni siquiera yo lo haría.-

- Casse, Cata... - dijo apenas Thom mientras se cambiaba.- Yo, chicas, déjenme explicarlo todo.

- Eres un maldito animal, cerdo asqueroso... ¿quién demonios eres tu?.- Dijo Catalina mientras intentaba abalanzarse sobre él.

Cassandra le miro y la detuvo.- No Catalina, no lo vale. Ahora salgamos de aquí antes de que tu padre llegue.

- Gracias Casse, gracias chicas, de verdad lo siento.-

- Ja! ¿Gracias?, no, la verdad es que realmente era tentadora la posibilidad de que tu padre llegara acompañado de los socios y te encontrara aquí... así, como estaban. Realmente te lo merecías, no sabes cuánto lo hubiéramos disfrutado.- Le soltó Catalina

- Pero no lo hicieron, así que lo agradezco, yo no he sido un buen amigo. Sé que esto parece traición, pero ustedes si lo han sido y yo...

- Realmente Thomas, es que a quién tienes que agradecérselo es a Regina. Es por ella que estamos aquí, no hubiéramos movido un solo dedo por ti sino fuese que ella nos lo pidió.- Agrego Cassandra sabiendo lo que sus palabras impactarían al joven.

- ¿Regi...?, ¿Regina... lo sabe?.- Respondió Thomas mientras sentía como el mundo se le venía encima, ¿Regina lo sabía? y aún así había sido capaz de mandar a sus amigos a sacarlo del apuro, sus propios amigos habían decidido darle la espalda, pero ella, su Regina no permitió que se metiera en un problema que de más estaba decirlo habría resultado muy grave.- ¿Dónde esta ella?, ¿cómo lo sabe? Dios, ¿dónde esta Regina?

- ¿Ahora te importa? No sólo lo sabe, fue ella quien los vio. Te estaba buscando, quería que pasaras un rato con nosotros y entonces supongo vino a buscarte acá y probablemente vio mucho más de lo que hemos visto nosotras. Tienes suerte, yo te habría arrancado los ojos. Vamos Cassandra, estar aquí me da asco.- Y sin decir más ambas chicas salieron de la habitación.

Vieron acercarse a Anthuan preocupado, pues no había podido detener más tiempo al padre de Thom. Entonces ellas le indicaron que estaba bien, dirigiéndose en busca de Regina, cuando llegaron a la terraza la encontraron allí, una copa de vino en su mano, los ojos cerrados sintiendo como el viento frio acariciaba su rostro.

Abrió los ojos cuando se percato de los pasos, entonces volteo a verlos y les regalo una sonrisa. Gesticulo un gracias con los labios y se tiro después en una de las cómodas sillas que ahí estaban.

- Regina... .- Dijo Catalina

- Shht, no pasa nada. Estoy bien, no quiero que se preocupen chicos. La verdad es que si no les importa, preferiría no hablar del tema. No podía significar nada bueno que Meredith estuviera acá, confíe de más. Sólo eso.-

Anthuan la miro dolido y golpeo la pared con fuerza haciendo que las chicas se asustasen. ¿Cómo era posible? Acababan de romperle el corazón, él sabía cuánto Regina amaba a Thomas, se dio cuenta desde el primer día que hablo con ella. Sabía que debía estarse muriendo por dentro, pero estaba ahí sentada con ellos, tomándose una copa y sonriéndoles... casi consolándoles a ellos, cuando debería ser al revés. Sus deseos de matar a alguien, mejor dicho a Thom aumentaron, el muy imbécil había sido capaz de herirla a ella. ¡A ella! Que se desvivía por hacerlo feliz, que le cuidaba y le hacía sentirse tan seguro, según sus propias palabras. Amaba todo eso de ella, la forma en que podía enfrentar a Thom y hacerlo caer tan fácilmente, la forma en que se comportaba como una niña pequeña muchas veces y como de repente podía convertirse en la mujer más madura que había conocido jamás. "Hablas como mi abuela" le había dicho Anthuan en algunas ocasiones. "Bueno, pero te aseguro que soy una abuela sexy" respondía siempre a tono de burla. Thom los miraba divertido y le respondía un "te lo dije, no puedes con ella". ¿Por qué Thomas habría cometido una locura así? ¿Por qué su mejor amigo se convertiría en un patán de un día a otro? No lo entendía y peor aún, no creía poder perdonarlo nunca.

- No me siento bien.- dijo él por fin con la mirada perdida.

- Quizás deberíamos ir a descansar, es tarde.- Dijo Regina mientras corroboraba la hora en su reloj.- Una ducha refrescante y la comodidad de una cama suena como algo atractivo después de tanta fiesta ¿no creen?

- ¿Estas segura que estarás bien Regina?.- Cuestiono por fin Cassandra.-

- Agradezco la preocupación chicos, en verdad. Pero estaré bien, un poco molida quizás mañana por tanto ajetreo, pero bien. Vamos, los quiero totalmente frescos para venir a despedirme, mi vuelo sale temprano y no pienso irme sin haberlos visto antes.

- ¿Mañana? Creí que te quedabas aún otra semana.- Dijo Anthuan

- La verdad es que dadas las circunstancias... bueno, ya tengo el boleto pues.

- Me sorprende que ahora mismo no estuvieras ya montada en un avión. Agradezco que así sea, porque realmente he disfrutado el tenerte con nosotros Regi, pensé que quizás podía terminar odiándote pero te supiste ganar a cada uno de nosotros sin problema. ¿No preferirías quedarte hoy en casa? No me causaría ninguna molestia.

- Esta bien Casse, me quedaré acá. Además, tendría que dar algunas explicaciones a los padres de Thomas y bueno, por el momento no me apetece hablar nada. Ellos se han portado estupendamente conmigo, no quiero bajo ningún concepto ser mal agradecida con ellos. Y bueno, Cata y Anthuan duermen acá también, así que no hay nada de qué preocuparse. Nos vemos entonces mañana, descansen chicos.

Se dirigió muy lentamente hacia su cuarto, cada movimiento le dolía. Le dolía demasiado. Se quedo ahí sentada a los pies de la cama preguntándose si realmente estaba ocurriendo. Miro su reflejo en el espejo y vio el dije que él le había regalado apenas llego "Princess", el siempre la llamo así, un mote tan común, pero que él lo hacía sonar tan único. Ya no sería más su princesa y él ya no sería más su príncipe. Era tiempo de seguir, sola, sin él.

Perdida en sus pensamientos no escucho el alboroto que se desataba en el pasillo. Anthuan y Thomas se habían encontrado por primera vez desde el incidente mientras se dirigían al cuarto de Regina. Anthuan enfurecido le propino un puñetazo que desestabilizo por completo a Thomas.

- ¿Qué diablos te pasa?

- ¿Qué diablos te pasa a ti? ¿cómo te atreviste?.- Respondió Anthuan cabreado.

- Ese no es asunto tuyo, la explicación se la debo a ella y se la pienso dar.

- A ella no te le acercas imbécil, ya mucho has hecho. Alejate. Si realmente eres un hombre aléjate y deja que ella siga su vida. Ya encontrara a alguien que de verdad la valore y sepa cuidarla como se debe.

- ¿Ah si? Y ese alguien ¿podrías ser tu? Ni en tus sueños Anthuan. Ni lo pienses. Ella no, ella es intocable ¿entiendes?

- ¿Y qué si fuera yo? Eres tan egoísta que no soportas la idea de que alguien más pueda tenerla, porque sabes que nunca nadie en este miserable mundo llegara a quererte de una forma tan real y tan pura como ella lo ha hecho.

Thom le empujo y entonces entro a la recamara. La vio ahí de pie, hermosa. Siempre había sido hermosa aún cuando ella no se diera cuenta, se quedo mirándola intensamente cuando el vestido que llevaba se deslizaba hasta llegar al suelo. "Quiero un vestido azul" había dicho ella. "Un hermoso vestido azul de princesa para fiesta". Sonrió al recordar antes de volver a concentrarse en ella. Su cuerpo no estaba trabajado, pero tenía las curvas y proporciones justas. Thom sintió de pronto como si le hubiesen clavado una daga en el pecho, el terror se vislumbro en sus ojos, sólo entonces lo supo. Supo que la mujer que tenía frente a él no volvería a estar entre sus brazos jamás, no volvería a tocarlo, a amarlo... se habían acabado las noches en que después de hacer el amor terminaba recostada en él y al cabo de unos minutos se quedaba dormida.

Cuando salió de la ducha Regina se encontró de frente con él. Le miro fijamente a los ojos, se acerco a él y se abrazo a su cuerpo. Él se quedo de piedra, esperaba que lo golpeara, que le dijera que lo odiaba, que no quisiera siquiera tenerlo a 3 metros de distancia. Pero su Regina siempre iba en contra de todo lo humanamente normal. Por algo se había enamorado de ella y estúpidamente esa noche había dejado que la confusión de aquel amor del pasado lo llevara a perderla, porque lo sabía. Hacía ya un tiempo ella se lo había dejado claro "yo no quiero ser como esas otras chicas con las que decías tener una relación pero no podías sacarte de la mente a Meredith, no quiero estar contigo mientras estas pensando en alguien más, así que la mas mínima duda que tengas debes hacérmelo saber, te quiero, pero no deseo terminar destrozada" Y aunque ahora el pequeño cuerpo de Regina se aferraba a él, ese abrazo estaba cargado de emociones de inevitable despedida. Ella se aparto un poco, le miro nuevamente a los ojos y le regalo una enorme sonrisa. Sus ojos reflejaban el más grande dolor y a la vez estaban llenos de amor.

- No es necesario que me digas nada, no te escucharía de cualquier forma. Así que déjame hablar a mi esta vez por favor. Te amo.- Le dijo.- Lo prometí... hasta el último de mis días. Se feliz Thomas, tan feliz como me hiciste a mi. Gracias por todo.

Deposito un beso en sus labios y antes de que él pudiera emitir alguna palabra se dirigió hacia su puerta, abriéndola para que él saliera por ella. Salía de su recamara y en ese mismo instante salía también de su vida. Se acerco al balcón y miro al cielo pidiéndole a Dios que le diera la fortaleza suficiente para no derrumbarse. Solo tenía que esperar
 a que llegara el amanecer, entonces un avión la llevaría de nuevo a casa, con todo su amor y todos sus sueños guardados en la maleta. Aquí acababa su hermosa historia de amor pero la vida aún así seguía.